En cada ocasión, nuestra casa de subastas se convierte en el epicentro donde convergen el legado artístico y la admiración por el talento latinoamericano. Desde maestros consagrados hasta emergentes promesas, cada pieza seleccionada cautiva con su singularidad y su impacto en la historia del arte regional.
Hoy, con gran entusiasmo, presentamos los top lots que brillarán en esta próxima Subasta de Arte Latinoamericano. Estas obras, cuidadosamente elegidas por su relevancia y excelencia artística, prometen deleitar los sentidos y despertar el interés de los coleccionistas más exigentes.
Únanse a nosotros en esta emocionante jornada, donde el arte se convierte en el puente que conecta culturas, emociones y experiencias. Acompáñenos mientras exploramos el fascinante mundo del arte latinoamericano y celebramos su poder transformador en nuestras vidas. Les esperamos en el Salón Candiles del Club Naval Norte el 30 de mayo de 2024.

Firmado y fechado 1967. Óleo sobre tela, 51 x 61 cm.
El lenguaje plástico utilizado por Gustavo Montoya es aplaudido por el público tanto nacional como internacional, quienes aprecian el empleo delicado del dibujo y el color para resaltar los rasgos de los niños que protagonizan sus composiciones. De esta manera, se habla de escenas llenas de mexicanidad y modernidad en un mismo lugar.

Miguel Covarrubias se consolidó como un personaje multifacético en la escena cultural de nuestro país. Gracias a su trabajada sensibilidad e inclinación por el enfoque antropológico, podemos observar composiciones de gran detalle inspiradas en escenas recabadas de ambientes cotidianos.

Firmado y fechado 1988. Óleo sobre tela, 70 x 91 cm.
La obra de Joy Laville sirve de ventana directa a la reflexión. Gracias a una paleta distintiva en la que priman el rosa, lila, azul y verde la artista nos brindó la oportunidad de conocer su vida privada para ser testigos de una biografía tumultuosa, en la que tuvieron lugar múltiples migraciones, amores arrebatados por el destino y otros sucesos complejos.

José Clemente Orozco es mundialmente reconocido por la ardua labor que ejerció como muralista y promotor del nacionalismo a través de la Escuela Mexicana de Pintura en conjunto con Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros durante la primera mitad del siglo anterior. Su educación artística se concretó en la Academia de San Carlos, aunque pasó por diferentes instituciones enfocadas en disciplinas diversas como la Escuela Normal de Maestros, donde tuvo una breve estancia aunque suficiente para verse impactado en la manera de exponer sus ideas. Desde muy joven destacó por su personalidad rígida y lealtad firme hacia sus principios, expuso sus comentarios a través de la caricatura en medios severos como el “El Hijo del Ahuizote” y "La Vanguardia" durante el periodo revolucionario.
De esta manera formó parte del ejército carrancista a través de la redacción e ilustración, sin embargo, decidió alejarse de este bando al ser testigo de una cara diferente de la campaña militar. En 1922 se unió al Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores y Escultores con sus compañeros de triada muralista: Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Los tres concientizaron y empatizaron con la situación del pueblo mexicano y por ello fueron reclutados por José Vasconcelos para llevar a cabo su proyecto nacionalista a través de los poderosos muros de nuestro país, marcando así el rumbo de la pintura de nuestro país por más de tres décadas. La locación no fue fortuita, ya que las paredes estaban inmediatas a una nueva generación, haciendo explícito el cambio generacional requerido para aquel momento.
En este recinto destacan principalmente tres de sus composiciones: “La huelga”, “La trinchera” y “La destrucción del viejo orden”, todas con un marcado perfil crítico como puede apreciarse en los títulos. Su desempeño en el gran formato fue prolífico, llevándolo a generar proyectos dentro y fuera del país tal como el mural "Katharsis" en el Museo del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, así como aquellos del Palacio de Gobierno y el Hospicio Cabañas en Guadalajara, donde se planteó el epítome de la magistralidad de su pincel. Del mismo modo, realizó una colaboración con el Museo de Arte Moderno de Nueva York, al realizar un mural en vivo "Dive bomber and Tank", con temática de la Segunda Guerra Mundial. Si bien sus trabajos más conocidos se dieron en los muros, su obra abarca producción en pintura al caballete, dibujo, litografía y grabado, por mencionar algunas técnicas que manejó con maestría.
En ellas mantuvo su línea discursiva, así como el manejo de la línea que lo caracteriza y su paleta personal, que se movía entre las tonalidades oscuras del rojo, negro y blanco. “Tal es el humanismo del arte de Orozco, arte que espera y desespera, que es fenomenológico porque describe la conciencia del hombre y existencialista, porque su fuente es la misma existencia humana, arte vital porque eleva a categoría estética el humano vivir, transformando los sucesos de la vida en sucesos artísticos.

“Hay, desde luego, una serie de alusiones a distintos saberes, es lo de rigor en una escuela. Sin embargo, es necesario hacer un trabajo más detenido de desciframiento, apenas estamos empezando a recorrer algunas de estas obras, pero es claro que Rodolfo Morales se aleja de los códigos simbólicos habituales del nacionalismo mexicano, que tiene todos estos temas extraordinariamente bien cifrados.
Aquí nos habla de una concepción del espacio social que es simplemente diferente de lo que creemos tiene que ver con la fortaleza de la vida comunitaria en Oaxaca, sin duda, y una enorme riqueza cultural que ha logrado mantenerse, incluso fortalecerse. Es una obra que tiene momentos de enorme ferocidad, Morales es un pintor muy amable, pero no es alguien que, claramente, forme parte del canon nacional. Hay una renovación que mira hacia este universo rural, pero dándole un carácter legítimamente parroquial.

Óleo sobre tela, 158 x 119 cm.
Diego Rivera fue un destacado pintor, grabador, dibujante, e idealista mexicano. Fue un titán entre los muralistas, sublime pintor de caballete, un controvertido cómplice de la revolución política y gran defensor de las artes. Comenzó su formación en la Academia de San Carlos con una generación remarcable, compartiendo aulas con Saturnino Herrán y Roberto Montenegro, entre otros nombres que destacaron en la escena artística. En 1907 realizó su primera exposición, la cual le valió una beca otorgada por el Gobernador del Estado de Veracruz, gracias a la cual pudo viajar a Europa para complementar sus estudios.
Primero viajó a España, donde tuvo la oportunidad de estudiar de cerca la obra de Francisco de Goya, Diego Velázquez y El Greco. Más tarde se trasladó a París, donde visitó exposiciones a la par que asistió a conferencias y cursos de pintura al aire libre, madurando su estilo pictórico y consolidando amistades con figuras clave de la historia del arte. A su regreso a México en 1922, se dedicó a estudiar a profundidad el arte maya y mexica, lo que influyó de forma significativa en su obra posterior. Durante esta década recibió numerosos encargos por parte de José Vasconcelos, para realizar grandes composiciones murales en estas se separó de las corrientes artísticas internacionales del momento para crear un estilo nacional basado en el clasicismo renacentista de la mano de simbolismos del arte prehispánico para plasmar la historia del pueblo mexicano.
De este modo, junto con la obra de David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco concretaron el plan de reconstrucción nacional y transformaron el imaginario nacional. En relación con su vehemente pasión por el arte, Diego Rivera produjo obra de manera prolífica bajo diversas temáticas y géneros, entre ellos el retrato, ámbito aprendido y ejecutado de manera excelsa desde la adquisición de un estilo académico en su paso por la Academia de San Carlos y la posterior experimentación con otros lenguajes como se observa en sus retratos cubistas realizados durante su estancia en Europa o en su producción muralista con la inclusión tanto de personajes históricos como cotidianos convertidos en íconos de la nación mexicana como es el caso del mural de “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, por mencionar un ejemplo. Así, podemos comprender a esta producción como testimonio del afianzamiento de las convicciones estéticas y personales del artista, de la misma manera que sucede cuando se acude a los retratos de Anton van Dyck o Diego de Velázquez para consultar fuentes iconográficas de épocas precisas. En la década de los años 30 y 40 seguidores del arte de Diego Rivera acudieron a él para la realización de retratos, inspirados en su conocida trayectoria y en la ejecución de pinturas de personajes distinguidos de la época como Frida Kahlo, Lupe Marín, María Félix y Dolores Olmedo, mujeres extraordinarias cuya fuerte personalidad fue trasladada exquisitamente al lienzo.
El caso de “Dama Oaxaqueña” no es ajeno a estas características, a través de la composición planteada por el artista se destaca una mirada firme perteneciente a una mujer impetuosa, cuya figura sobresale del fondo de la obra gracias a la paleta de color contrastante del pintor. “En cuanto al retrato ya Élie Faure señalaba a Rivera como un gran retratista que a la influencia de Paul Cézanne y Auguste Renoir añadía algo inesperado, sorprendente y fantasmal en que el crítico francés ve la ascendencia española de Goya y Zurbarán. Otros advierten influencia del Greco y de Marcel Duchamp, de Seurat y Soutine, porque en esta rama del retrato como en otras, Rivera es un gran sintetizador.
